miércoles, noviembre 24, 2010

Sueño Azul,.


Cuando llegó la mañana, su cuerpo estaba frio, la posición sobre la cama dibujaba un relajo inusitado, un leve riptus en sus labios similaba una sonrisa, parecía dormír placidamente, sin embargo su sueño no delataba las señales de su extraña sonrisa, ¿Alivio quizás?, o tal vez tan solo el resultado de una noche de pensamientos encontrados. Sobre el velador un vaso de licor a medias, un envase de caramelos de menta casi al borde, la luz encendida indicaba que el sueño llegó de pronto, las cubiertas coloridas del edredón cubrian parte de su cuerpo desnudo, una leve hilo plateado hilaba una huella sobre el almoadon fucsia aún brillante, parecía que en cualquier momento se giraría sobre sus hombros tratando de acomodar su rostro adolescente. El gran espejo tras la puerta entreabierta mostraba la bahía reflejada en el ventanal, amaneciendo. En su mano pequeña de cuidadas uñas pintadas con el barníz que hasta hace poco usaba su madre en el intento de alegrar su alicaida figura, la ventana entreabierta mecía las cortinas cuidadosamente bordadas en sus bordes con exquisitos detalles del crochet, blancas, semitransparentes, la brisa entrando suave por los puntos y filigramas. El sol ya iluminaba la habitación de vista al mar junto a la terraza, el quincho esperaba quizás el calor de las brasas ese fin de semana, nunca fué encendido. Ya la rigidez del cuerpo comenzaba a aflorar en la piel blanca de su vientre, sus senos duros parecian monumentos de vida joven, ansiosos sus pezones apenas dibujados hacian de la joven yaciente un canto a la belleza. La sabana suave de una tela brillante, seda quizás, parecia la mortaja de una princesa encantada, una mano caía desde el borde, lánguida, inerte.
Los pensamientos previos a ese sueño transformado en el último, flotaban en la habitación tratando de hilvanar una historia silenciosa, nunca llegaron a unirse en su lucha íntima con los sentimientos que la llevaron a dejar de respirar, las lagrimas no lograron silenciar los gritos que llegaban desde el fondo de su alma pidiendo auxilio. Ella se durmió placidamente.
La soledad reinó ese amanecer hasta que triunfo ante el futuro disperso de un porvenir incierto y solitario. Hacia poco que su madre luchadora y valiente había partido y el amor no fué suficiente para sobrellevar esa perdida. Su sonrisa que mostraba a diario en su ir y venír, ocultaba ese indescriptible sentimiento de ausencia, las palabras de sus cercanos pasaban raudas a su rededor mientras que una idea fija se hacía cada vez mas potente en la fragilidad provocada por la perdida, ni siquiera los restos de la botella en el suelo mostraban los signos de la calma que llevaba por dentro en su liquido alucinante, el cenicero colmado sobre la alfombra mostraba las horas pasadas con la vista al frente puestas en un punto imaginario en el horizonte.
Caminó hasta el baño continuo, decidida ante el espejo que mostraba su rostro bello, con el riptus de una sonrisa a medio terminar, cuando estiro su mano en busca del pequeño frasco de pastillas rosadas. Lo apretaba con fuerzas en sus manos blancas, luego observó su vientre plano y delicado, recorrió cada fracción de piel, su cuerpo perfecto reflejado en un espejo semiempañado después de la ducha tibia de esa noche de sueños imposibles.
Un sorbo del licor dorado y un suspiro empuñando el frasco que alguna vez sirvió a su madre para calmar los dolores de lo inevitable. Ya no recordaba los viajes, el trabajo largo de las tardes de Punta Chungo, las reuniones entre ejecutivos de impecables trajes, las caminatas entre los cerros en compañia de los lugareños, las largas charlas en los cafetines de moda, sus fines de semana en busca de las alegrias perdidas en el pub de la Plaza el Ancla...
Al borde de la cama, descalza, con la grato calorcillo del licor bajando por la garganta, quemando el deseo de gritar su angustiosa soledad entre esas cuatro paredes, ya no podía mas.
Desde un rincón observaba una pequeña telaraña que ayer no había visto, pensaba que esa pequeña compañera de cuarto nunca hubiese estado allí, tan tranquila, inocente, silenciosa en su labor producto del descuido. Siempre su vida había sido perfecta, el amor la rodeaba desde todos los rincones de su paraiso personal, no sabía de tristezas, sus codigo no le permitían estár triste, su lucha fué llevar alegría a quienes amó, su madre, su pareja, sus amigos.
En algún momento antes del amanecer, vació el contenido del pequeño frasco en su mano alba, miraba con asombro esas pastillas rosadas que pequeñas llevaron alivio durante mucho tiempo, que fueron la barrera poderosa en contra de los dolores físicos de quien mas amo en su vida, que llevaron a prolongar la agonía de una muerte anunciada, que quedaron olvidadas durante meses en un rincón del botiquin. Una larga pausa en silencio, la música que salía del equipo , susurraba su canción favorita, pero ella no escuchaba, su mente estaba caminando de la mano de la nada, cercana a ese camino del que no regresaría jamáz. Ya no dudaba, ya sentía que no vería el amanecer, solo sabía que su momento llegaba, que por fín esa paz que había perdido estaba al final del camino.
Se recuesta en su cama de suaves sabanas, ya no siente frío, el contenido vacío del frasco está sobre la alfombra y empuña las pequeñas pastillas mientras sorbe un último trago de su licor favorito, el cielo de la habitación le parece mas cercano y luminoso, pareciera que una puerta se dibuja justo frente a su mirada perdida, con un mecánico movimiento lleva el puñado de pildoras a su boca, no siente su sabor, pero un nuevo sorbo del licor hace que desciendan suaves por su garganta.
El vaso vuelve al velador, las cortinas se mecen suavemente mientras el lucero poco a poco desaparece en el horizonte, cierra sus ojos y los pensamientos que flotaban en la habitación se convierten en uno solo, transformados lentamente en un " Hola mamá, te amo", sintiendo que una mano suave la encamina hacia el mas allá.
..En su mano una foto de Patricia.

Con todo mi cariño para Carito Hidalgo.-

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermoso un bello homenaje.
Las imagino juntas caminando abrazadas. Me sumo en cariño a ellas.

Emilio Castro Sepúlveda dijo...

Un buen recuerdo

Emilio Castro Sepúlveda dijo...

Para face..

Emilio Castro Sepúlveda dijo...

concecuencia