domingo, noviembre 21, 2010

Echaurren 414, La partida


Echaurren 4,14, parte 2.-

Unos minutos antes, a las 7,30 AM, el chirrido insistente del celular, hace que el manotee sobre el velador en su busca, de paso vuelca el vasito de agua hasta que por fin con gesto y garabato incluido logra apagarlo.” Que lata..” y otro garabato insonoro, se revuelve en la cama desordenada y cierra los ojos suspirando, a instantes se duerme pero algo superior le impulsa a bajar sus pies a la alfombra incorporándose, casi siente las espaldas curvadas dormidas pesando sobre sus costillas. Muchas veces se levantó autómata a media noche al sentir los quejidos y el jadear asmático de su madre y su malestar duraba unos minutos antes de volver al pequeño dormitorio contiguo provocando el desvelo que duraba hasta que amanecía, esta vez sí tenía sueño.

“Hoy me corto el pelo” piensa, mientras se bambolea bostezando frente al espejo.

Da dos pasos en su mismo y ya está desnudo preparando la ducha que potente le espera tibia mojar su cuerpo adormecido, se queda largo rato sintiendo en el rostro el potente chorro del agua hasta que la piel comienza a reclamar un cambio de posición, ya ve con claridad las blancas cerámicas , ya clarifica sus ideas..”Tengo un largo día” piensa mientras cierra la llave cromada.

El rostro en el espejo muestra las huellas de la noche de insomnio, con calma rasura su barba blanquecina, dejando que la espuma desaparezca de los ángulos de la barbilla con cuidado evitando el lunarcillo junto a la comisura de los labios, las arrugas en torno a los ojos parecen mas pronunciadas, siente que necesita un descanso, divaga con un posible viaje una vez terminada la semana, necesita ver a su familia, resolver esas intimas dudas arrastradas durante largo tiempo, ver sus negocios abandonados desde que está cuidando a su madre, justificación ¿tal vez?... Un poco de loción en la cara y ya está. “ Que sueño”, murmura bostezando

Regresa a su dormitorio, envuelto en la toalla húmeda, camina los dos pasos al encuentro de la ropa limpia ordenada en su maleta siempre lista , desnudo parece estar mas delgado, la barriga de hace unos meses ha desaparecido, el lipoma bajo el brazo sobre las costillas se confunde con el pectoral, casi no se nota, la línea oscura del bello que baja hasta mas abajo del ombligo ya muestra algunas canas, su pecho pecoso que a su edad indefinible está cubierto del bellos blanquecinos cada vez mas largos, le recuerdan la frase de un viejo amigo, que se burlaba de sus cejas largas y tupidas. .”pareces una cucaracha, hombre¡” “Córtatelas” y reía, haciéndole ver que los años no pasan en vano.

Termina de vestirse y ya siente el llamado y los sonidos que le anuncian que debe preparar el desayuno, las tostadas con margarina, el trocito de queso blanco, las galletas sin sal, la leche descremada sin azúcar en la bandeja, junto a los medicamentos de la mañana, los terminados en “pam” y los nebulizadores para el asma.

“Mamá, mamita…Despierta”..

La anciana mujer entreabre los ojos sin soltar el celular a su costado, el cúmulo de almohadas y cojines la muestran retorcida en la enorme cama, a un costado la bacinica a medio llenar, la lamparita de noche encendida, las cortinas blancas dejan entrar los tímidos rayos del sol. Deja la bandeja aromática, humeante a un costado de la cama y trata de acomodarla, “Pesa la vieja, pero se ve mejor” mientras escucha el refunfuño de su madre.. “El desayuno está listo, toma tus pastillas” le habla, acomodando la bandeja de madera recién comprada en el persa Bio-Bio el día anterior, cuando decidió caminar por las viejas calles del barrio cercano al Club Hípico, aprovechando la visita de una amiga de su madre para escaparse por un par de horas.

Se sienta en un extremo de la cama y bebe silencioso el café amargo que acostumbra tomar, mientras en la tele las noticias resuenan monótonas en el lento proceso de acompañar y cuidar de que todas las píldoras sean tragadas junto al desayuno. “ ¿Y como está la chica?”, le escucha lejano, en un dialogo automático, sin matices, intrascendente, casi senil… “ Bien mamá, todos están bien””, responde, al terminar con el sorbo de café.

“Mañana la veré, y hablaremos” dice sin convencimiento, en su lenguaje plano, desganado, el no dormir lo malhumora. También significa que tomó una decisión: “Hoy regreso a casa” Esto no es para mí” reflexiona, convencido.

Terminado el desayuno, retira la bandeja y la bacinica; lava los los utensilios, prepara la maleta con sus escasas pertenencias. Guarda en la mochila negra su PC, recoge las bolsas de basura acumuladas y sale al pasillo del departamento, junto al ascensor el depósito de basuras donde las deja caer hacia el subterráneo, es Domingo, pronto llegarán sus hermanos, ellos cuidarán de su madre los próximos dias,

“Mamá, voy a salir de compras, donde los chinos, regreso mas tarde, cualquier cosa me llamas”” le dice.. No responde, está dormida.

Toma el celular y marca el teléfono de Esperanza, la hermana que vendrá hoy . Se escucha decir .”Hola, como amaneciste?.. Me voy a casa, puedes venir a ver a mamá?, Ahora duerme pero a las 11 será buena hora”.. “¡Que pasó, algún problema?? ¡¡No, No, solo que debo ir¡¡ repite.. “Ok”, se escucha, besos”,, y cuelga.

Toma su equipaje, deja las llaves del departamento sobre la mesa, echa una última mirada a su madre durmiendo, sale al pasillo, abre la puerta de la escala de escape y enciende un cigarrillo, son cerca de las 10 AM y limpia las cenizas de la noche anterior en las escalas grises de cemento del edificio de Echaurren N° 414…”Bah, que coincidencia” Todo comenzó a las 4,14, piensa mientras apaga su último cigarro.

El ascensor marca el piso 1. Sale a la vacía calle de ese día domingo.. “ Hoy me cortaré el pelo” musita mientras camina hacia la esquina sin mirar atras…

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