miércoles, noviembre 24, 2010

Sueño Azul,.


Cuando llegó la mañana, su cuerpo estaba frio, la posición sobre la cama dibujaba un relajo inusitado, un leve riptus en sus labios similaba una sonrisa, parecía dormír placidamente, sin embargo su sueño no delataba las señales de su extraña sonrisa, ¿Alivio quizás?, o tal vez tan solo el resultado de una noche de pensamientos encontrados. Sobre el velador un vaso de licor a medias, un envase de caramelos de menta casi al borde, la luz encendida indicaba que el sueño llegó de pronto, las cubiertas coloridas del edredón cubrian parte de su cuerpo desnudo, una leve hilo plateado hilaba una huella sobre el almoadon fucsia aún brillante, parecía que en cualquier momento se giraría sobre sus hombros tratando de acomodar su rostro adolescente. El gran espejo tras la puerta entreabierta mostraba la bahía reflejada en el ventanal, amaneciendo. En su mano pequeña de cuidadas uñas pintadas con el barníz que hasta hace poco usaba su madre en el intento de alegrar su alicaida figura, la ventana entreabierta mecía las cortinas cuidadosamente bordadas en sus bordes con exquisitos detalles del crochet, blancas, semitransparentes, la brisa entrando suave por los puntos y filigramas. El sol ya iluminaba la habitación de vista al mar junto a la terraza, el quincho esperaba quizás el calor de las brasas ese fin de semana, nunca fué encendido. Ya la rigidez del cuerpo comenzaba a aflorar en la piel blanca de su vientre, sus senos duros parecian monumentos de vida joven, ansiosos sus pezones apenas dibujados hacian de la joven yaciente un canto a la belleza. La sabana suave de una tela brillante, seda quizás, parecia la mortaja de una princesa encantada, una mano caía desde el borde, lánguida, inerte.
Los pensamientos previos a ese sueño transformado en el último, flotaban en la habitación tratando de hilvanar una historia silenciosa, nunca llegaron a unirse en su lucha íntima con los sentimientos que la llevaron a dejar de respirar, las lagrimas no lograron silenciar los gritos que llegaban desde el fondo de su alma pidiendo auxilio. Ella se durmió placidamente.
La soledad reinó ese amanecer hasta que triunfo ante el futuro disperso de un porvenir incierto y solitario. Hacia poco que su madre luchadora y valiente había partido y el amor no fué suficiente para sobrellevar esa perdida. Su sonrisa que mostraba a diario en su ir y venír, ocultaba ese indescriptible sentimiento de ausencia, las palabras de sus cercanos pasaban raudas a su rededor mientras que una idea fija se hacía cada vez mas potente en la fragilidad provocada por la perdida, ni siquiera los restos de la botella en el suelo mostraban los signos de la calma que llevaba por dentro en su liquido alucinante, el cenicero colmado sobre la alfombra mostraba las horas pasadas con la vista al frente puestas en un punto imaginario en el horizonte.
Caminó hasta el baño continuo, decidida ante el espejo que mostraba su rostro bello, con el riptus de una sonrisa a medio terminar, cuando estiro su mano en busca del pequeño frasco de pastillas rosadas. Lo apretaba con fuerzas en sus manos blancas, luego observó su vientre plano y delicado, recorrió cada fracción de piel, su cuerpo perfecto reflejado en un espejo semiempañado después de la ducha tibia de esa noche de sueños imposibles.
Un sorbo del licor dorado y un suspiro empuñando el frasco que alguna vez sirvió a su madre para calmar los dolores de lo inevitable. Ya no recordaba los viajes, el trabajo largo de las tardes de Punta Chungo, las reuniones entre ejecutivos de impecables trajes, las caminatas entre los cerros en compañia de los lugareños, las largas charlas en los cafetines de moda, sus fines de semana en busca de las alegrias perdidas en el pub de la Plaza el Ancla...
Al borde de la cama, descalza, con la grato calorcillo del licor bajando por la garganta, quemando el deseo de gritar su angustiosa soledad entre esas cuatro paredes, ya no podía mas.
Desde un rincón observaba una pequeña telaraña que ayer no había visto, pensaba que esa pequeña compañera de cuarto nunca hubiese estado allí, tan tranquila, inocente, silenciosa en su labor producto del descuido. Siempre su vida había sido perfecta, el amor la rodeaba desde todos los rincones de su paraiso personal, no sabía de tristezas, sus codigo no le permitían estár triste, su lucha fué llevar alegría a quienes amó, su madre, su pareja, sus amigos.
En algún momento antes del amanecer, vació el contenido del pequeño frasco en su mano alba, miraba con asombro esas pastillas rosadas que pequeñas llevaron alivio durante mucho tiempo, que fueron la barrera poderosa en contra de los dolores físicos de quien mas amo en su vida, que llevaron a prolongar la agonía de una muerte anunciada, que quedaron olvidadas durante meses en un rincón del botiquin. Una larga pausa en silencio, la música que salía del equipo , susurraba su canción favorita, pero ella no escuchaba, su mente estaba caminando de la mano de la nada, cercana a ese camino del que no regresaría jamáz. Ya no dudaba, ya sentía que no vería el amanecer, solo sabía que su momento llegaba, que por fín esa paz que había perdido estaba al final del camino.
Se recuesta en su cama de suaves sabanas, ya no siente frío, el contenido vacío del frasco está sobre la alfombra y empuña las pequeñas pastillas mientras sorbe un último trago de su licor favorito, el cielo de la habitación le parece mas cercano y luminoso, pareciera que una puerta se dibuja justo frente a su mirada perdida, con un mecánico movimiento lleva el puñado de pildoras a su boca, no siente su sabor, pero un nuevo sorbo del licor hace que desciendan suaves por su garganta.
El vaso vuelve al velador, las cortinas se mecen suavemente mientras el lucero poco a poco desaparece en el horizonte, cierra sus ojos y los pensamientos que flotaban en la habitación se convierten en uno solo, transformados lentamente en un " Hola mamá, te amo", sintiendo que una mano suave la encamina hacia el mas allá.
..En su mano una foto de Patricia.

Con todo mi cariño para Carito Hidalgo.-

domingo, noviembre 21, 2010

Echaurren 414, La partida


Echaurren 4,14, parte 2.-

Unos minutos antes, a las 7,30 AM, el chirrido insistente del celular, hace que el manotee sobre el velador en su busca, de paso vuelca el vasito de agua hasta que por fin con gesto y garabato incluido logra apagarlo.” Que lata..” y otro garabato insonoro, se revuelve en la cama desordenada y cierra los ojos suspirando, a instantes se duerme pero algo superior le impulsa a bajar sus pies a la alfombra incorporándose, casi siente las espaldas curvadas dormidas pesando sobre sus costillas. Muchas veces se levantó autómata a media noche al sentir los quejidos y el jadear asmático de su madre y su malestar duraba unos minutos antes de volver al pequeño dormitorio contiguo provocando el desvelo que duraba hasta que amanecía, esta vez sí tenía sueño.

“Hoy me corto el pelo” piensa, mientras se bambolea bostezando frente al espejo.

Da dos pasos en su mismo y ya está desnudo preparando la ducha que potente le espera tibia mojar su cuerpo adormecido, se queda largo rato sintiendo en el rostro el potente chorro del agua hasta que la piel comienza a reclamar un cambio de posición, ya ve con claridad las blancas cerámicas , ya clarifica sus ideas..”Tengo un largo día” piensa mientras cierra la llave cromada.

El rostro en el espejo muestra las huellas de la noche de insomnio, con calma rasura su barba blanquecina, dejando que la espuma desaparezca de los ángulos de la barbilla con cuidado evitando el lunarcillo junto a la comisura de los labios, las arrugas en torno a los ojos parecen mas pronunciadas, siente que necesita un descanso, divaga con un posible viaje una vez terminada la semana, necesita ver a su familia, resolver esas intimas dudas arrastradas durante largo tiempo, ver sus negocios abandonados desde que está cuidando a su madre, justificación ¿tal vez?... Un poco de loción en la cara y ya está. “ Que sueño”, murmura bostezando

Regresa a su dormitorio, envuelto en la toalla húmeda, camina los dos pasos al encuentro de la ropa limpia ordenada en su maleta siempre lista , desnudo parece estar mas delgado, la barriga de hace unos meses ha desaparecido, el lipoma bajo el brazo sobre las costillas se confunde con el pectoral, casi no se nota, la línea oscura del bello que baja hasta mas abajo del ombligo ya muestra algunas canas, su pecho pecoso que a su edad indefinible está cubierto del bellos blanquecinos cada vez mas largos, le recuerdan la frase de un viejo amigo, que se burlaba de sus cejas largas y tupidas. .”pareces una cucaracha, hombre¡” “Córtatelas” y reía, haciéndole ver que los años no pasan en vano.

Termina de vestirse y ya siente el llamado y los sonidos que le anuncian que debe preparar el desayuno, las tostadas con margarina, el trocito de queso blanco, las galletas sin sal, la leche descremada sin azúcar en la bandeja, junto a los medicamentos de la mañana, los terminados en “pam” y los nebulizadores para el asma.

“Mamá, mamita…Despierta”..

La anciana mujer entreabre los ojos sin soltar el celular a su costado, el cúmulo de almohadas y cojines la muestran retorcida en la enorme cama, a un costado la bacinica a medio llenar, la lamparita de noche encendida, las cortinas blancas dejan entrar los tímidos rayos del sol. Deja la bandeja aromática, humeante a un costado de la cama y trata de acomodarla, “Pesa la vieja, pero se ve mejor” mientras escucha el refunfuño de su madre.. “El desayuno está listo, toma tus pastillas” le habla, acomodando la bandeja de madera recién comprada en el persa Bio-Bio el día anterior, cuando decidió caminar por las viejas calles del barrio cercano al Club Hípico, aprovechando la visita de una amiga de su madre para escaparse por un par de horas.

Se sienta en un extremo de la cama y bebe silencioso el café amargo que acostumbra tomar, mientras en la tele las noticias resuenan monótonas en el lento proceso de acompañar y cuidar de que todas las píldoras sean tragadas junto al desayuno. “ ¿Y como está la chica?”, le escucha lejano, en un dialogo automático, sin matices, intrascendente, casi senil… “ Bien mamá, todos están bien””, responde, al terminar con el sorbo de café.

“Mañana la veré, y hablaremos” dice sin convencimiento, en su lenguaje plano, desganado, el no dormir lo malhumora. También significa que tomó una decisión: “Hoy regreso a casa” Esto no es para mí” reflexiona, convencido.

Terminado el desayuno, retira la bandeja y la bacinica; lava los los utensilios, prepara la maleta con sus escasas pertenencias. Guarda en la mochila negra su PC, recoge las bolsas de basura acumuladas y sale al pasillo del departamento, junto al ascensor el depósito de basuras donde las deja caer hacia el subterráneo, es Domingo, pronto llegarán sus hermanos, ellos cuidarán de su madre los próximos dias,

“Mamá, voy a salir de compras, donde los chinos, regreso mas tarde, cualquier cosa me llamas”” le dice.. No responde, está dormida.

Toma el celular y marca el teléfono de Esperanza, la hermana que vendrá hoy . Se escucha decir .”Hola, como amaneciste?.. Me voy a casa, puedes venir a ver a mamá?, Ahora duerme pero a las 11 será buena hora”.. “¡Que pasó, algún problema?? ¡¡No, No, solo que debo ir¡¡ repite.. “Ok”, se escucha, besos”,, y cuelga.

Toma su equipaje, deja las llaves del departamento sobre la mesa, echa una última mirada a su madre durmiendo, sale al pasillo, abre la puerta de la escala de escape y enciende un cigarrillo, son cerca de las 10 AM y limpia las cenizas de la noche anterior en las escalas grises de cemento del edificio de Echaurren N° 414…”Bah, que coincidencia” Todo comenzó a las 4,14, piensa mientras apaga su último cigarro.

El ascensor marca el piso 1. Sale a la vacía calle de ese día domingo.. “ Hoy me cortaré el pelo” musita mientras camina hacia la esquina sin mirar atras…

sábado, noviembre 20, 2010

Algo mas de Ñagué y Latitud 32°


Mas de Latitud 32°, Ñagué

Siente ganas de fumar, por suerte los puchos los guarda bajo el traje y siempre lleva el zippo cargado, su mano derecha no sirve y con la izquierda le cuesta maniobrar para sacar los cigarros, la lluvia arrecia y la hoja de nalca casi no lo protege, el gorro de pesca no lo ve por ningún lado y de nada serviría pues debe estar empapado, el bolso está a un par de metros y no lo alcanza, que hago? Mierdasss???..Grita con impotencia. Gira lentamente hacia la derecha y el dolor en los riñones le hace hacer los movimientos muy lentamente, pero logra que la hoja de nalca tape un poco mas su cabeza plateada, aplasta la hierba cerca de la cara para dejar un espacio menos húmedo, gira lentamente y recoge las piernas adoptando una posición fetal, parece un amasijo de color verde camuflado entre los arbustos, un comando guerrillero..Logra sacar un cigarrillo casi seco y su fiel zippo enciende a la primera..Aspira largamente, cierra los ojos y asume la realidad, “estoy cagado. “Pasaré la noche en Ñagué, herido y entumido..” murmura..

Saca cuentas: “ tengo 9 cigarrillos, una bolsa de pesca, una caña quebrada, un carrete trabado, un paquete de mentitas, una lata de cerveza, un alicates para sacar anzuelos, como 15 pejerreyes de carnada, algunos destorcedores, varios anzuelos y otros cachureos de pesca que casi nunca ocupo..Nada de comida, estoy herido, adolorido y muerto de frio entre las nalcas..” Mientras recuerda algún episodio del Discovery Channel del “como sobrevivir”…

Otro cigarro en una parada de la lluvia , intenta dormir…

“En casa la chica prepara arroz y un salsa de champiñones, se supone que llevaré el almuerzo: Hoy lenguado a la leche y mantequilla, condimentado con algo de orégano y listo.

Ensaladas y vinito blanco,.”

Después una conversación intrascendente, la teleserie y dormir una siesta, siesta, siesta…”

02 AM con 09 minutos según el celular, cada vez con menos barritas de carga, el cielo está estrellado como nunca, pareciera que ninguna luz interfiere y el cielo está mas brillante que nunca. El frio lo estremece y la muñeca fracturada le hace apretar las mandíbulas hasta apagar un grito que sonaría en la nada..No siente ruido alguno, excepto el chasqueo del encendedor al intentar encender un ya húmedo cigarro..No esta sordo, sin embargo el ruido de la carretera hace mucho rato que no lo siente, además desde su posición vería la luminosidad de Los Vilos, y no esta ciego..

Levanta la mano sana con el celular, tratando de conseguir una señal y nada. En todo el día sintió que lo sucedido fue un accidente, ahora esta preocupado. Ya logra moverse con cierta facilidad, sin embargo no se incorpora, los dolores han disminuido, menos el de la muñeca, quizás si intento acomodarla con algún movimiento podría evitar el dolor” piensa se reprime las ganas de orinar. Se sienta apoyándose con la mano izquierda, muerde un trozo de la rama de nalca y toma la mano y con un movimiento aprendido no sabe donde le da un tirón…El Grito de dolor resuena en la noche sin ecos, su mandíbula se aprieta.. Luego siente alivio. Se acurruca nuevamente, las nalcas lo protegen..Duerme.

El Amanecer:

Pareció helar durante esas horas interminables, entresueños sentía los ruidos que venían desde algún rincón de su cerebro, sonidos familiares, mecánicos propios del vivir el día a día inmerso en un pequeño pueblo bullente de mínimas actividades cotidianas pero sin la prisa de una gran ciudad. Abre lentamente los ojos hinchados y pegoteados de legañas y sangre endurecida, su cuerpo adolorido y hambriento lo despierta bruscamente cuando algo cae aplastando los arbustos produciendo un ruido de quebrazón de ramas y desliz de piedras, alcanzo a girar su cuerpo hacia la derecha y el agudo dolor de la muñeca resuena en un grito que no encuentra eco alguno en esa extraña posición entre las nalcas, un animal piensa, pero lo desecha de inmediato al ver que a su rededor solo existe vegetación tupida y .silencio. El sonido del mar resuena placido, parece ser uno de esos dias en que ñagué está de baja marea y calmo. Ya siente que se puede incorporar, ha recuperado la movilidad de las piernas y lo intenta apoyándose en el único brazo útil, se pone de rodillas primero y luego con la parte de la caña rota se apoya para pararse..La hierba buena aromatiza el ambiente mientras en un rápido oteo se da cuenta de la realidad. Esta en Ñague, pero a la vez no esta..

El desconcierto aumenta cuando al mirar hacia el norte no ve las casas de veraneo de Los Matte, “debieran estar allí,” analiza, mientras suelta los tirantes del traje, las ganas de orinar lo martirizan, con su única mano hábil baja el pantalón de polar interior y se desahoga orinando hacia un costado..

“Las casas siempre estuvieron desde la primera vez que baje por el sendero rojizo que llevaba a la suave arena “ . Mira, ¿Dónde estoy? Se pregunta mientras otea hacia atrás, mejor dicho hacia arriba no ve huellas, solo el espacio que dejó en la caída entre las nalcas que amortiguaron su cuerpo. “No puede ser, aún debo estar inconsciente y soñando,” divaga, nada le es familiar, el dolor le atormenta la muñeca rota y comprende que no sueña. Mira esta vez al sur, donde los farellones de Mal Paso se internan en el mar, dejando al fondo las luces y construcciones de Los Vilos, pero no están, no ve nada que le parezca familiar, todo ha cambiado…

“Debo despertar pronto, quizás la sangre perdida de la herida de mi frente fue mucha y pierdo los sentidos, quizás alucino, pero recuerdo haber tomado solo la dosis exacta de clonaxepam recetada para la ansiedad en mi afán de dejar de beber y fumar.. “ Intenta despertar, pero está despierto. Palpa el bolsillo superior del chaleco de pesca y encuentra la ajada cajetilla de cigarros, está húmeda pero hurgando logra sacar un cigarrillo ya amarillento por la humedad, lo pone en sus labios y enciende con dificultad el zippo al tercer intento. Aspira profundo y comprende..

Los pensamientos de otras dimensiones paralelas, o de regresión en el tiempo, las largas conversaciones con David sobre los orígenes de Ñague, las conversaciones con la chica y la Vilma de sus proyectos de escribir sobre la zona donde aprendió a pescar su primer lenguado se le agolpan en la mente, mientras conserva el equilibrio entre la yerba alta y aromática, el roce de una hoja de nalca en una herida ya reseca lo despierta de sus divagaciones y teorías de lo que sucede.. Nuevamente dirige la mirada hacia el norte y divisa la blanca playa semicircular con sus manchones oscuros de huiros al borde de la rompiente, le parece mas oscura la arena y ve solo eso, arena..

Al final de la playa la enorme duna, clara y sin vegetación hace de muro de contención de las escasas olas de la marea baja, la roca que siempre estuvo frente a la casa principal, emerge puntiaguda y mas alta que de costumbre..Las colinas donde se emplazaban las casas nuevas se notan cubiertas de fina hierba creciendo, uno que otro arbusto cerca de la vertiente al centro de la playa…

Intenta un paso hacia un costado menos tupido y nuevamente cae de rodillas, dolor, mucho dolor y sobre todo conciencia de la realidad ..Está solo en el espacio y en el tiempo..

Debe reponer fuerzas, no piensa en lo que esta viviendo, siente hambre en el silencio de mediodía, el sol está casi sobre el y la ropa húmeda arroja vapor al secarse lentamente, esta vez se incorpora y decide seguir bajando hasta el borde de la playa, necesita pisar arena, acercarse a las rocas que recuerda, el lugar donde arma el equipo, donde hace las fogatas, donde bebe las cervezas, fuma y conversa sobre el resultado de la pesca antes del regreso a casa.

Recoge el bolso de pesca, donde otras veces ha llevado varios lenguados y que ahora, vacio le espera un par de metros mas allá sobre una nalca, la bolsita plástica de la la carnada espera e(Y está), los pejerreyes recién comprados en “Escamas” ,la tienda de calle Brasil, en sus bolsas selladas al vacío, perfectas carnadas.”Por lo menos tengo con que pescar” piensa confuso, pero asumiendo que lo que sucede es real..

¿Un salto en el tiempo?

Ya entre las rocas, en el espacio de reunión que esta vez está virgen, sin colillas, latas ni restos de fogatas, bolsas plásticas y basura dejada por innúmeros pescadores o veraneantes, está virgen..

“”No estoy en el futuro, estoy en el pasado.”” Teoriza..

Se apoya en la roca y llora en silencio, ha comprendido, su sueño hecho realidad, estar en Ñagué, en su origen…

Mas tarde, después de saciar la sed en la vertiente cercana, lavar sus heridas y con un trozo de polera vendar la mano herida, intenta reparar la caña rota, “será mi sustento.” Piensa mientras .Revisa el bolso de pesca y encuentra el alicates curvo con el que saca los anzuelos de los peces pequeños, improvisa con unas quilas unas varillas con las que embarrila las partes de la caña rota, el mango del carrete está chueco y a punto de romperse, pero funciona, lo cambia para hacerlo girar con la mano izquierda, esta vez su mano derecha servirá para sostener la caña..

El grato sol le hace sentir el calor de primavera, saca con mucha dificultad su traje de goma y queda con el buzo de polar, al rato también se lo saca y lo pone a secar sobre las rocas..Estas acciones le hacen entender que no está loco o viviendo un sueño, ahora debe asumir esa realidad..Hace un inventario de sus pertenencias, recuerda a ratos las aventuras de un tipo que en Discovery Channel enseñaba como sobrevivir en situaciones extremas..La suya no lo era, pues sentía conocer el lugar, a pesar de que estaba todo distinto y virgen, conocía el lugar, pero estaba en otra era u otra dimensión paralela.

Lo que no sabía era como enfrentar el presente-pasado.-Futuro.

Al rato decide hacer un inventario de sus pertenencias, ya está consciente de su soledad , hasta ese momento no ha visto ningún vestigio de vida humana , ni rastros de construcciones, humo, botes, u otras señas de presencia humana. El paisaje idílico, nada de basuras, bolsas plásticas , botellas o restos de manufacturas , parecía estar en las riberas de una isla desierta con la forma que recordaba de Ñague, las gaviotas y otras aves pululaban correteando en las arenas en busca de pulguillas de mar, divisaba las colitas amarillas de las corvinas entre la espuma de las olas, de vez en cuando el salto de un lenguado cazando, una pareja de chungungos apareándose cerca de los roquerios, indiferentes, libres..Sin temores.

Retoma su inventario y sobre la roca aplanada extiende todos los objetos encontrados en el bolso y los bolsillos de su ropa del siglo XXI, quizás fuese lo único existente de origen humano en el mundo , por momentos se sintió tranquilo y duda. “Esto es un sueño, ya despertaré” hablando solo.

Extendidos sobre la roca esta lo siguiente:

La bolsita con medicamentos , incluyendo: aspirinas infantiles, enalapril, gemifobroxelo y una tira de clonaxepam, Un encendedor a gas, El zippo, 7 cigarrillos,1 lata de cerveza sin alcohol, Botas de pesca, Carrete de pescar, Anzuelos (8),Nylon de o,50 (Armadas),Una caña rota, Un pantalón de polar, Un par de calcetas de algodón,6 destorcedores, Una machina, Una chispa,2 rapalas, Chaleco de pesca, Una polera rota, Un polerón de polar, Un gorro de lana, Un celular s/señal, Alicates pequeño, Una tijera de mangos amarillas, Una cortaplumas suiza, Un bolso de pesca,12 pejerreyes frescos, 6 pejerreyes secos, Lentes de sol , y varias plomadas de distinto peso. Una billetera negra con tarjetas y documentos, dos billetes de 1000 y una foto pequeña .(De su esposa e hijo), Todo su patrimonio en menos de un metro cuadrado de rocas, arenas y soledad.

La vista imaginaria desde el vuelo de una gaviota mostraba la patética figura desnuda, mientras terminaba de hacer inventario, cuasi cómica, solo viste calzoncillos tipo bóxer de color gris…”Que ridículo me siento” pensaba , al notar la palidez de su cuerpo, mientras el sol de mediodía entibiaba su espalda pecosa y enrojecía sus hombros poco a poco en la playa vacía.

Suspira profundamente y comienza a sentir hambre, debe tomar decisiones, está claro que subir el cerro hacia donde dejó el auto no podría afrontarlo, esa subida de mas de 300 mts sin un machete o herramienta para tratar de abrirse camino, además si todo cambió significa que nada de lo anterior existe, carretera, civilización, siglo 21.. Nada. Sus fuerzas las concentra en no caer en pánico y controlar las emociones, se concentra en no creer en que esto es una locura, debe asumir esta realidad primigenia, debe poner la mente en blanco y pensar en su realidad, la autentica realidad. Y comienza por desechar la filosofía y las conjeturas, debo mantenerse cuerdo y alerta, con todos sus sentidos. El oído, los ruidos han desaparecido, solo siente la brisa del viento y el sonido monótono del mar, el oleaje permanente del ir y venir del agua sobre la arena blanca, los graznidos de las gaviotas, el chapoteo de los peces que aparecen de vez en cuando traducidos en colitas amarillas de corvinas tras las pulgas marinas, el cielo esta aún semi cubierto y a ratos aparece el sol tras una nube rauda dirigiéndose al sur, significa que vendrá buen tiempo… Ya es hora de abrigarse, el pantalón de polar está seco y al ponérselo siente el calorcillo acumulado durante el par de horas al sol, la polera ya está seca , la tira de genero sacada de la pretina deja al aire su ombligo y siente que los pelos blanquecinos de su pecho están dóciles, no siente frío, el dolor de la muñeca, cada vez mas hinchada le recuerda las heridas de la caída y desvía el pensamiento hacia sus escasas pertenencias, la caña.. La caña ha logrado rearmarla y calcula que no es malo intentar arrojar un par de anzuelos a la orilla, podría ser su comida esa tarde.

La arma y engancha un pejerrey en el anzuelo maruto que hasta ahora le ha dado buenos resultados, antes coleó el pejerrey y guarda lo sobrante en la bolsita de la carnada. Esta descalzo y siente la suave arena en sus pies blancos , nada de frio..Se anima y camina con cierta dificultad hasta la roca inamovible de la bajada, el agua casi la roza pero aún no llega a cubrirla con la marea alta, está recién subiendo. Se apoya unos instantes mirando hacia el norte donde se forma un pozón con algunos huiros flotando y otros que suben y bajan con la marea, ajusta el freno e intenta un tiro con un plomo de unos 40 grs., el tiro resulta perfecto al centro del pozón, el esfuerzo lo hace quedarse unos instantes recuperando el aliento..No pasa mas de ½ minuto y siente un fuerte pique…Se quedo quieto, da nylon , el carrete y la caña sienten la tensión..Cuenta mentalmente hasta 10 y alza la caña con fuerza, el tirón resiste el arreglo hecho y el nylon tenso lo hace pensar en un lenguado de mas de un kg. Enrolla suavemente, el pez no pone demasiada pelea, “Creo que está desconcertado,” piensa excitado. El pez Debe estar asustado, debe ser raro para ese pez ser arrastrado a la orilla por una fuerza desconocida, debe ser raro para el lenguado sentirse atrapado por un pequeño pez…”Que tontera, un pez pensando, que lesera yo poniéndome en el lugar del pez..”

Ya asoma al borde de la arena, arrastrado por la ola que rebota suave pero poderosa y lo ve. Su cola chapotea mientras recoge apresurado el carrete con la caña bien baja, da dos pasos y ya lo tiene..Se agacha y introduce los dedos de la mano izquierda en sus agallas, lo levanta, aleteando, luchando.. “Pesa mas de dos kgs” mientras sonríe satisfecho.. Esta contento, primer tiro, primer lenguado…

Retrocede a su rincón entre las rocas, el lenguado aletea, se mueve convulsivamente, lucha por respirar, respira su muerte del aire, está fuera del agua.

Lo deja a un lado de la roca plana, aleteando.

Repasa su inventario y saca un cigarrillo amarillento, la vieja costumbre de fumar después de una captura. Aspira profundamente sintiendo el placer de su vicio de tantos años, da un par de bocanadas y luego lo apaga con cuidado en la roca, la colilla vuelve a la cajetilla “ Debo ahorrar”.. Después comprende que serán sus últimos cigarrillos, que su vicio acabará con el último de los cigarrillos de la cajetilla amarillenta. Se siente tranquilo, satisfecho, comerá pronto lenguado asado..

Ya oscurece y ha preparado una fogata, madera seca hay desparramada por toda la playa, parece que esa temporada de lluvias o el invierno pasado de esa época fue fuerte, un par de troncos de una madera que le parece ser de roble o coihue están casi enterrados como a 100 metros del refugio, su pasado scout le ayuda a organizar un pequeño campamento en el que nada de lo que podríamos llamar basura moderna existe, está la naturaleza virgen. Inventa una parrilla con rocas alargadas puestas sobre un par de piedras planas, , a esa hora ya ha fileteado el lenguado pero le ha dejado su piel ya descamada, una vez que se hicieron brazas de la madera quemada pone sobre la improvisada parrilla un trozo de lenguado, el sol cae en el horizonte , deben ser cerca de las 8 PM.. Calcula Mientras come la carne blanca y exquisita del lenguado piensa en lo extraño que será para la chica su ausencia, siente la natural y salobre textura de esa carne apetecida en restoranes de muchos lugares, piensa en su precio, se acaba de gastar un día de trabajo en un trozo de pescado que casi se lanzó a sus manos y en la preocupación cuando encuentren el auto abandonado en la carretera, cuando los viejos amigos con los que se reuniría en la biblioteca esa tarde de sábado noten su ausencia, alguien comentará que tuve que viajar a Santiago. O quizás que se quedó dormido y pronto apareceré por esa puerta de la Biblioteca que cobija la larga mesa donde los amigos se reúnen a cobrar cuotas o a comentar sobre política…

A momentos piensa que ha muerto, que está en lo que podría ser el paraíso y que sus dolores son la penitencia por haber pasado por la vida viviéndola a concho, que es el castigo por haberse apartado de la religión, por ser un escéptico, un rebelde permanente, un quijote de causas perdidas…

No es su caso, vive y siente, la picada de un tábano se lo recuerda, “Puta madre, maricón¡¡” grita..

El dolor de la muñeca ya se ha hecho algo permanente y molesto, la espalda está mejor, siente que su barba a esa hora ya está dura y un ligero ardor en las mejillas le recuerda que no trajo el protector solar..

Ha buscado algunas hojas de papiros que crecen naturales en las cercanías de la vertiente y otras hojas de juncos, improvisa una cama en la arena, sabe que los únicos peligros que podría enfrentar serían los alacranes bajo las piedras, pero también piensa que debe ser un enorme ser extraño para esos animalitos.

El cansancio lo vence después de vestir su traje pesca completamente, le agotó poner los calcetines con una mano y adoptar posiciones extrañas, demoró una eternidad pero al menos estará abrigado esa noche, por precaución trajo una ramas que cruzó sobre las rocas que cubrió con hojas de nalcas a modo de techo, por si llueve. La fogata la mantiene tirando de vez en cuando trozos de madera seca y dura recolectada de los alrededores, son excelentes para hacer carbón,-En una bolsa de supermercado que traía en su bolso de pesca, lavada y sellada acumuló un poco de agua fresca.de la vertiente.” Ya inventaré algo mas apropiado.” Reflexiona en voz alta. Rebusca en el bolso los medicamentos y esperando que todo solo sea un mal sueño, se traga un clonaxepan entero con un sorbo del agua de la bolsa de supermercado.

Mañana explorará, si despierta temprano, antes orina en un rincón del roquerio..Ya la noche cayó y la oscuridad es absoluta, ojalá que no llueva.. Es la baguada costera, Se acomoda sobre su costado izquierdo y poco a poco duerme..

Despierta obligado por el dolor , soñaba en las frases inconclusas del relato que escribe sobre Playa Ancha, en las caminatas cerro abajo oscureciendo, en el beso de despedida en el alero de la casa verde donde se despedía ese fin de semana de Marzo de la diosa griega de sus sueños, Ángela, que me reprochaba las escasas llamadas al teléfono y mi negativa a presentarle a su padre imaginario de rimbombante apellido ,era un sueño angustioso, fue ese el motivo de despertar adolorido e incomodo, entumido a una hora innúmera en su improvisado lecho de hojas. Apenas unas brazas divisa al costado, se apresuro a buscar un metro mas allá algunas ramas para avivar la fogata, su mano derecha la siente dura y tiesa, la circulación le pulsa estirando la piel hasta hacerla una masa informe, los dedos hinchados, ennegrecidos por el carbón o los moretones , no sabe, pero cree que esa noche ya no dormirá mas, siente escalofríos, tirita y se tienta a tomar otra pastilla, un ruido a sus espaldas le hace estar alerta, el ramaje se mueve y tomo la parte de la caña que siente mas firme , agudiza el oído, luego siente una especie de chillido, “un zorro debe ser, no imagino otro tipo de animal en este lugar, debe acercarse al olor de los restos del lenguado” tratando de tranquilizarse-

. Ya más tranquilo, las llamas de la fogata iluminan el refugio, se tranquiliza. Busca un trozo de madera mas grueso y lo mete en medio de las llamas, asoma medio metro fuera de la fogata, durará lo suficiente, piensa..Se acomoda en posición fetal, cuidando no aplastar la mano herida e intenta dormir.

Miles de pensamientos se agolpan, sus proyectos de publicar los viejos poemas escritos en Quilpué después de sus salidas tras la chica de sus sueños, las reflexiones de la etapa de política en Los Vilos, las discusiones hasta la madrugada en la casa del Jako junto al Luchito Orellana, bebiendo el 120 en caja de a pequeños sorbos escapándose de vez en cuando al alero del patio donde fumaba el cigarrillo n° 7 de esas tardes-noches de encendidas discusiones.”.Igual fuimos amigos, de distintos pensamientos, pero amigos.” Pensaba entre ensoñaciones, quizás deliraba.

No sabe en que momento se durmió, aún no lleva 24 horas en Ñagué y sin embargo gran parte de su vida la ha recorrido entre dolores y sueños.

Amanece, esta vez sí y le cuesta despertar, el efecto de la pastilla lo tiene amodorrado, siente sed pero no quiere moverse, su cuerpo le avisa que aún está vivo y la naturaleza sigue funcionando, siente el grato despertar de un sueño que no recuerda pero que sin duda tuvo que ver con el cuerpo de una mujer, los deseos de no despertar y seguir soñando los siente entre su ropaje en el bajo vientre, se acomoda y cierra los ojos por instantes, siente placer , recuerda rostros y cuerpos, lugares clandestinos, excitantes aventuras inconfesadas…No quiere despertar..

2do. Día:

Pero el sol implacable está ya sobre su rostro y a pesar del sueño reconfortante, despierta ,Despierta a esa verdad.

Ya no siente frio, parece como sentir una indiferencia física, separó la mente del cuerpo por instantes y trata de que las imágenes cada vez mas claras se conviertan en una alucinación mentirosa, en una irrealidad . Se tienta a tomar de una vez un par de clonaxepam y seguir durmiendo pero esta vez el físico gana, despierta bruscamente combinando la fatiga traducida en un dolor en el plexo, y un vacio en el estomago, debe alimentarse.

Se incorpora con dificultad y explora con la mirada , nada ha cambiado desde ayer ya las moscas revolotean cerca de los restos del lenguado, solo quedan algunos huesos y parte de la piel, el zorro hizo su trabajo nocturno..

Trata de avivar la fogata con algunas ramas secas que encuentra en el acopio tras las rocas, milagrosamente ya no siente el dolor agudo en la mano derecha, hace algunos ejercicios, se estira, se sacude, mueve la cabeza de lado a lado como tratando de negar y definitivamente despertar..Está vivo y siente..., No es un sueño.

La soledad de la playa le hace divagar nuevamente en el tiempo transcurrido desde el desayuno a medias en su casa, el beso de buena suerte mientras la chica duerme, el café amargo y

La tostada dejada a medias por la prisa de salir. Recuerda la ceremonia diaria de conectar la batería de su viejo Subaru, tirar el chupete, y al tercer intento el ruido inconfundible del motor bóxer intentando subir las revoluciones… Piensa en la hora , todos duermen, sus vecinos deben despertar a medias, paro luego seguir en sus sueños domingueros tranquilos..

Camina hacia el agua fría de esa mañana de ese tiempo desconocido, sus dudas siguen, “si estuviese en el futuro alguna huella vería en esta playa tan conocida, al menos los restos de las casas de veraneo de los dueños de la Hacienda Agua Amarilla, una cerca, algún resto de plástico o alguna botella vacía.. Nada lo convence de que su caída fue un salto al futuro o al pasado , solo puede ser el estar en otra dimensión, o definitivamente en algún otro lugar que no logra entender..

Ya el agua fría de la mañana lava su cara enrojecida, las heridas de la frente las siente secas y tirantes, lava los restos de sangre de la barba crecida y siente la necesidad de “Ir al baño”, dicho eufemístico del llamado de la naturaleza, se saca el traje de goma y queda descalzo, el pantalón de polar lo arremanga hasta las rodillas y camina por el borde sintiendo las cosquillas de las pulgas y la espuma del oleaje..Se acerca a una hondonada tras la duna frente al árbol que crece cerca de la vertiente al centro de la playa acantilada, los arbustos lo ocultan, el pudor aún forma parte de su actuar en ese mundo solitario, siempre fue pudoroso, piensa mientras el relajo vuelve a su cuerpo . “Hoy será un lindo día,” se repite mientras regresa a su lugar. Ni siquiera una brisa altera el paisaje brutalmente hermoso y solitario.

“Hoy intentaré explorar”, se escucha hablando consigo mismo, mientras calienta agua en la fogata en el envase vació de la cerveza sin alcohol que bebió anoche. “Desde hoy la yerba buena será mi té”, sonríe…

Continuará

domingo, noviembre 14, 2010

Bajando desde Playa Ancha

2da. Parte:

Invierno, las calles de Playa Ancha brillan al repiqueteo de la lluvia en la pozas formadas en los cruces de las callejuelas del cerro, el agua se desliza hacia las alcantarillas dispuestas llenándose con el ruido de cascadas espumosas, la escasa gente que espera en el paradero de Pacifico a la espera de la micro verde que baja al plan se refugia en el paradero metálico, abrigada en sus impermeables y ropajes , semi cubren sus rostros con bufandas coloridas, algunos que no advirtieron la repentina lluvia de las once, suben sus cuellos y enfundan las manos en bolsillos de pantalones de paño e intentan encontrar en el refugio un lugar donde no mojarse, alguna secretaria de uniforme lucha contra el viento tratando de mantener el pequeño paraguas floreado cercano al peinado húmedo. El anciano de chaqueta a cuadros luce una barba blanquecina, con algunos visos rubios, su mirada se esconde bajo un sombrero clásico con las alas hacia abajo cubriendo su cabellera blanca de tonalidades brillantes, el paraguas lo mantiene cerrado a modo de bastón, también espera por la micro verde.

Vive hace tiempo en una de las calles de Playa Ancha, en un pequeño cuarto que arrienda en un cité junto a la escalera que baja hacia a Caupolicán casi al llegar a la esquina, tiene una vista hacia el mar y se alcanza a ver hasta la tercera casa de la profunda bajada al termino de la calle, su otro panorama es interior, los escasos muebles antiguos, el escritorio heredado, el baúl en un rincón, la cama de una plaza cubierta con una colcha artesanal y varios cojines de origen hindú, hacen las veces de sillón, living, asiento de la pequeña mesa plegable y lugar de ensueños cuando logra dormir. En otro rincón, un mueble antiguo, mejor dicho un antiguo ropero de dos puertas de color caoba oscuro hace las veces de closet, en una de las puertas un espejo de biseles que denotan su antigüedad, refleja parte de la habitación de muros altos y papeles descoloridos, un par de antiguos cuadros pintados al oleo, resquebrajados y de marcas que alguna vez fueron dorados adorna o disimula un pasado que pudo ser diferente. Sobre el escritorio, un viejo computador convive con innumerables papeles, libros, boletas, ceniceros “Heineken”, recuerdo de algún bar porteño y un cuadernillo abierto en una página casi al final.

La vieja alfombra, que alguna vez estuvo en alguna casa de mayor rango, quizás en un living por su gran dimensión, cubre gran parte del piso de madera le da un toque de calidez. El ruido de la lluvia repiquetea en la ventana de medianas dimensiones de aquella habitación del segundo piso, las cortinas abiertas ayudan a mantener la breve claridad del día gris. “ Debo salir pronto, antes de que se largue la lluvia con todo”, pensó cuando cerro la puerta alta y vidriada con doble candado.

Camina por el breve pasillo donde otras habitaciones similares hacían de esa pensión del puerto su hogar desde que vivía en Valparaíso, baja la escalera larguísima apoyado en un pasamanos de roble, muy brillante, presume por su uso, baja solitario al encuentro de la lluvia y las escaleras que lo llevan a la parada del autobús, es su rutina diaria.

Pero ese día es especial, tiene un encuentro con alguien especial, está impaciente.

Aparece a la distancia el microbús verde de la letra H, que luego enfilará, mejor dicho bajará al plan de Valparaíso, cruzando frente a las Universidades y los estadios, bajando curvilíneas calles y avenidas hasta el borde cercano al puerto, luego doblará por una congestionada calle donde funciona el mercado y el barrio chino, los vendedores de confites, parches curitas, santitos recitaran sus mercaderías: “Señores pasajeros, permítanme su atención, estoy cesante y me gano vendiendo estos parches curita, soy padre de 8 hijos y mi mujer está enferma” , otro a la cuadra siguiente :“ señores pasajeros, mi intención no es molestar”… “ Señores pasajeros que Dios les bendiga y tengan buen viaje””

Lo mismo de siempre, pensó mientras buscaba entre sus bolsillos una moneda de 100 y queda con una tira de parches curita en sus manos, arrugados y ennegrecidos por el manoseo entre una y otra micro. La humedad de la atiborrada micro, los vidrios empañados y los olores de los pasajeros que ya llegando al plan están arrepentidos de bajar tan abrigados, y el sudor mezclado con perfumes baratos y dulzones hace que el viaje se convierta en una aventura épica para el anciano. Necesita respirar, mientras lucha por acercarse a la puerta trasera de la máquina.

“No debo pasarme de la librería,” ya pasó unos 20 minutos y solo quiere llegar a tiempo, es importante piensa inquieto, mientras limpia el vidrio empañado de la puerta trasera.

La lluvia arrecia ese día de invierno del año siguiente al encuentro en la Avda. Argentina, una especie de confabulación del destino hizo que los caminos diferentes confluyan hacia el encuentro entre esos dos seres que vivian cercanos, paralelos pero a la vez muy distantes. Ironicamente tenían en común algo perdido en el tiempo, arrojado en las herrumbres de una antigua librería porteña, un manuscrito que se confundió con los cerros y escaleras, que quizás navegó distancias a bordo de naves preteritas o cabalgo unicornios perdidos en la diversidad de los sueños de quienes lo leyeron sin sentirse interpretados. También hubo otros que despreciaron esa letra oscura o el papel ajado, mas fueron los indiferentes. ¿Ceguera temporal? O nada mas que una jugarreta de la historia del puerto, de la bohemia persistente de bares y casas de putas, de noctámbulos anacoretas perdidos en la voragine porteña.

No lo se...

En otro sector, otro cerro, otro barrio y con otra realidad a la misma hora once, alguien apaga el notebook, termina el último sorbo de café y corre hacia el baño del departamento alfombrado, lava presuroso los dientes, se mira un par de veces al espejo, recorta con pulcritud el bigotillo rubio y con las manos se arregla el pelo. Viste jeans y polera, se enfunda una parka azulina, los bototos de la construcción de color café y gamuza le hacen verse mas alto, se envuelve un pañuelo a cuadros al cuello, parecido a los que usan los palestinos, pero de tonos azules (Le han dicho que hacen juego con sus ojos), piensa vanidoso.. Toma su mochila, guarda el pc y otros cuadernos y cierra las cortinas del living. Es Sábado y el dormitorio lo arreglará la flaca, piensa, mientras le da última mirada al cuerpo que duerme desnudo y cruzado en la King size, “ parece que lo de anoche fue intenso” y sonríe haciendo un gesto con los dedos, “ Chau chica”, susurra como despedida.

Ya en el ascensor, duda en si puso doble llave a la puerta, pero desecha el pensamiento cuando la puerta del ascensor se abre en el primer piso, en fin, piensa “El conserje no deja pasar a nadie desconocido” y camina bajo la lluvia a la parada del colectivo…Debe llegar a la cita a tiempo.

La librería Siglo XX es su destino, “Ojalá que pare esta lluvia maldita”, “ me tiene chato, murmura cuando sube al colectivo, apretado entre dos señoras de abrigos oscuros y pañuelos en sus cabezas…(“Se van a asar de calor mas rato”, ríe, silencioso) mientras una sonrisa se dibuja en el rostro de Luis Emilio…

Continuará