lunes, abril 11, 2011

El cuento de Anita y presidiario

Anita y el pantalón a rayas

Los arboles del bosque no dejan ver el horizonte, menos al sujeto que agazapado espera a su víctima tras una mata de hualle, la hojarasca resuena a cada paso , los sonidos de aves advirtiendo el paso tranquilo de la muchacha de unos quince, alejan a los insectos coloridos que revolotean la larga cabellera azabache, la sonrisa disimulada con el canturreo entrecortado al ritmo de los pasos no presagian lo que le espera a unos metros.

El individuo agazapado tras los matorrales siente que la boca se le humedece con la saliva, sus ojos negros brillan con deseo, hace un tiempo que viene observando la rutina de la chica sin nombre, hace tiempo que su contoneo juvenil lo tiene obsesionado, “Debe estar muy rica, la chiquita”, parece musitar mientras con el dorso de su mano ennegrecida y rugosa se la pasa por esa boca desfigurada por la cicatriz que le cruza desde el pómulo, sus atavíos mal olientes no alcanzan a mostrar la pobreza que arrastra desde que salió de esa cárcel sureña, aún recuerda la “carreta” nocturna para el caldillo de patas de pollo, o los tallarines amasijados revueltos con una fría bolsa de salsa de tomates..Luego el mate amargo y la silenciosa mirada al techo a 30 centímetros del camarote en un cuarto piso de la habitación de 3x3, a su costado el ronquido del mocito del grupo lo mantiene despierto, mientras se revuelve en la sucia manta gris que lo cobija, es invierno y ya el carbón del brasero está apagado, la colilla que guardaba en la grieta de la pared, disimulada con el chicle teñido de rojo, ya no está, seguro que fue el “rolo”, el del camarote del frente, “uno de estos dias me lo arreglo” pensando en el estoque que fabricó con un trozo de plástico de cañería que descubrió en sus habituales idas al baño común, donde el agua fría le hacia reprimir las ansias de poseer una mujer hacia casi tres años.. Cumplía, la ves anterior habían sido 2 y medio años tras las mismas rejas, pero ya saldría, pensaba mientras el cielo a 30 cms hacían rebotar su aliento de caries y tabaco mezclado con los restos de la cazuela de patas de pollo..

La muchacha, de nombre Anita, no podía estar mas lejos de aquel bosque, paso obligado hacia el cercano pueblo de largas callejas polvorientas, de corredores sombríos donde cada mañana saludaba a don Diógenes, el anciano que pasaba horas y horas mirando a los escasos transeúntes, a los perros callejeros y veía pasar las horas y horas sumido en sus recuerdos, su desdentada boca musitaba de vez en cuando un “buenos dias” y agachaba la cabeza con un movimiento automático , simulaba un saludo..

Un nuevo paso y algo se mueve en el matorral, ya dejó el claro de bosque y hierbas secas, la planicie se extiende ante la mirada de la chica, “queda poco”, piensa mientras distrae la mirada en un conejo que se cruza hacia una ramas secas del árbol caído que a veces servía de banco para el descanso, ella no se detiene y apura el paso, parece ser que llegará a atrasada a su cita, su primera cita..

El hombre tras el arbusto tensa su cuerpo y mantiene el aliento, “ya queda poco nenita, ya vienes..”

Anita sueña con ese primer encuentro y a sus quince imagina los ojos verdosos del muchacho que veranea con sus tíos en un campo cercano, la costumbre es que sea el quien la busque, pero sus orígenes campesinos no le favorecerían, el educado, de un apellido impronunciable y de modales citadinos, le hacían suspirar cada vez que recordaba ese primer encuentro en el almacén del pueblo, las miradas cruzadas, el rubor de sus mejillas, la mirada inquisidora del joven la inquietaron mas de lo que nunca sintió.. “Como está srta?, escucho.. Y luego un dialogo de esos típicos, ¡Donde vives, ¡Como te llamas?, yo estaré hasta el fin del verano, ¡ Y cuando vienes de nuevo?.. la despedida.

No sintió cuando la ruda mano del hombre de los arbustos le tocó el hombro, tampoco logro ver la cicatriz en el rostro sucio, menos su caída tras el empujón violento entre la yerba reseca del potrero.. Parecía un sueño, una mal sueño, una pesadilla de ésas que la hacían despertar en las noches cuando en el cuarto contiguo su madre gritaba a su padre..”¡Borracho de mierda¡¡¡ Hasta cuando” y luego los golpes y forcejeos hasta que el silencio se hacía de esas paredes de adobe..

Quizás su desmayo fue la solución a ese momento, no sintió cuando el hombre le rasgó sus ropas nuevas, las que preparó con esmero durante la semana, quería estar linda para ese primer encuentro, quería ser recordada como el amor de veranos del joven de la capital, quería que su pelo luciese brillante al viento , sentía que el quillay le daba esa frescura, sentía que los aromas a humo de la cocina los disipaba con el agua de la vertiente tras la cascada, sintió estar bella para el..

El hombre se incorpora abrochándose el pantalón de rayas, se abrocha el cinturón enjugando su camisa a empujones , mira a su rededor, su sonrisa desaparece, ahora se siente satisfecho y cansado, ya no recuerda la “carreta” ni los barrotes que dejó hace dias atrás en la lejana cárcel de ese maldito pueblo, ahora está desahogado..

Mira el inerte cuerpo de la chica sin nombre, su pelo azabache con hierbas resecas pegoteadas por el hilo de sangre que brota de sus sienes, siente una rara inquietud, miedo quizás, la chica no se mueve,, “Quizás por eso ni se movió” piensa , se agacha y la remece, pero no reacciona.. Y ve la piedra ensangrentada. “Me fregué, por la chucha¡¡”, exclama.

Anita ya no esta, su alma camina junto al joven de ojos verdes, su mirada al cielo, con una sonrisa inexplicable en esa soledad, las hierbas al quebrarse bajo su cuerpo no las sintió, tampoco tras su cabello negro se veía la piedra que asomaba, Tampoco el la vio, el hombre de la cicatriz y la sonrisa forzada camina hacia el bosque, se pierde entre los árboles, no mira hacia atrás..

“Nunca volveré a esa cárcel maldita”, musita, mientras camina por la hojarasca terminando de poner su camisa en los pantalones a rayas..

Esto sucede cada día en algún lugar del mundo, Justicia para Anita y todas las mujeres abusadas, NO al violencia de géneros.-

LESC , Abril 2011

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